El baile de los que sobran

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Hace escasos días, una noticia marcó mí quehacer, un amigo del barrio se había quitado la vida. Ítalo, compañero de las pichangas entre calles, de cazar lagartijas, o de disfrutar de una conversación y bromas. Pero claro, la vida luego nos separó, algunos pudimos seguir estudiando, mientras Ítalo, como muchos otros, no tuvieron las mismas oportunidades. A unos les sonrió la vida y con esfuerzo triunfaron, otros deambulan por las calles con trabajos precarios, y hasta otros sirvieron para la comercialización de la droga. Pero mi querido barrio, no es atípico, tal como aquel, se replica en gran parte de los centros urbanos del país. Al hacer algo de historia, la situación ha sido permanente y la desigualdad social hasta incurre en la normalidad.

El origen de la desigualdad en Chile, según varios historiadores, podemos marcar como hito en la colonia española, la cual asignó las tierras a los españoles y descendientes blancos, mientras los mestizos e indígenas ocuparan los sectores más bajos de la sociedad, sin mayor posibilidad de ascenso. La desigualdad ha sido permanente en nuestro territorio, un ejemplo son los estudios sociales revelan que algunos apellidos como Larraín o Errázuriz se repiten al largo de la historia política de Chile, mientras apellidos mapuches son los más escasos en el parlamento.

Un siglo atrás el periódico El Imparcial de San Fernando, entrevistó a una pobre madre de tres hijos, a la cual le preguntaba ¿de qué se alimenta Uds.? Y ella contesta: "De mate, mi marido, gana algunas semanas algo, otras veces no. La carne no la vemos sino mui a lo lejos, el pan es lo que los niños comen y con lo que hacemos sopa. La papa es mui cara, tampoco la comemos. Lo único es pan y mate una vez al día", estamos claros hoy las condiciones han mejorado, pero la desigualdad no.

En el Chile de hoy las cifras son elocuentes, mostrando a una sociedad en crisis: la mitad de los trabajadores en nuestro país recibe un sueldo igual o inferior a $400.000 al mes (INE, 2019), por tanto, deben endeudarse, siendo estimuladas por un modelo donde no se necesita mayores requisitos para acceder a una tarjeta o préstamo. El 66% de los chilenos está endeudado (Banco Central, 2018) siendo que 4,5 millones de ellos se encuentran en situación de morosidad (Universidad San Sebastián, 2018) Estos datos son más fríos aún cuando se establece que las rentas menores a $655.443 no tiene suficiente para acceder a una vivienda nueva más barata hoy (La Tercera, 2018) Hogares emplazados en espacios urbanos se caracterizan por la segregación social, siendo notorio hasta en el paisaje que rodea a las habitaciones, mientras en sectores de alto ingreso posee parques y plazas con abundante vegetación alcanzando hasta el 70% de la superficie de estos como en Las Condes; en Lo Espejo solo un 27% (UC, 2019).

Nuestros niños y jóvenes, también poco están ajenos, en educación las cifras del Ministerio de Educación son elocuentes como establecimientos pertenecientes a la clase alta, se diferencian de forma ostensible a los resultados de pruebas estandarizadas como SIMCE o PSU, esto claramente dificulta la movilidad social.

Todo lo anterior, refleja las dramáticas cifras en salud mental, Chile es el segundo país OCDE que más ha aumentado en suicidios. Entre 1990 y 2011, el crecimiento fue de un 90%. Para la ONG Mente Sana, en nuestro país más de un millón de personas sufre de ansiedad y cerca de 850 mil padece depresión. En el grupo etario mayor de 60 años, se concentra la tasa más alta de suicidios en el país, evidenciando en abandono a este grupo, los que se ven afectado principalmente por bajas pensiones.

Es triste ver como una canción ícono de hace más de treinta años, que reflejaba las precarias condiciones sociales, aun es vigente y se transforma en un himno: "Nos dijeron cuando chicos. Jueguen a estudiar. Los hombres son hermanos y juntos deben trabajar. Oían los consejos los ojos en el profesor. Había tanto sol sobre las cabezas. Y no fue tal verdad porque esos juegos al final. Terminaron para otros con laureles y futuros. Y dejaron a mis amigos pateando piedras"./

por Víctor León Donoso