Chile nuevamente despertó

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Mientras escribo la nota, escucho el sonido de cacerolazos y consignas "Chile despertó". Durante los últimos días en gran parte del territorio ha demostrado su descontento a través de distintos tipos de manifestaciones. Todo comenzó en Santiago, a causa del alza del precio del boleto de metro, lo que terminó en una gran movilización.

Desde hace varios años, algunos historiadores y sociólogos planteaban que un levantamiento social era predecible, por la excesiva desigualdad que afecta a la sociedad chilena, sumado a políticas neoliberales que han precarizado las condiciones de vida.

Al realizar una revisión histórica, en varias oportunidades han existido levantamientos sociales de importancia como: la huelga portuaria de Valparaíso en 1903, la huelga de la carne en 1905, la masacre de la Escuela Santa María de Iquique en 1907, las marchas del hambre en 1918 o la revolución de la chaucha en 1947, entre otras. En parte de ellos, son los estudiantes quienes inician manifestaciones que reflejan el descontento social, los que se caracterizan además por ser jornadas violentas y con consecuencias mortales. Por otro lado, la constante posición de la elite o la clase política, que da cuenta de su indiferencia o falta de empatía con las problemáticas de la sociedad.

Quizás el momento más recordado durante los últimos días, han sido los sucesos ocurridos en abril de 1957, que fue denominada "La Batalla de Santiago". En el contexto de procesos inflacionarios y crisis económica durante el gobierno de Carlos Ibáñez del Campo, quien deciden subir el precio del transporte público, ante esta situación se convoca a movilizaciones los primeros días de abril. La movilización se concentró en Santiago y Valparaíso, con mucha violencia, donde los ataques se focalizaron a instituciones como bancos, tribunales de justicia y edificios donde funcionaba el Congreso Nacional. La prensa local publica una crónica el 29 de marzo, titulada "No están solos", la que refleja el ambiente previo: "Puede decirse, sin temor a errar, que las nuevas alzas de la movilización colectiva, en estas ciudades, han sido gotas de agua que han rebalsado la paciencia de los sufridos habitantes que han soportado estoicamente numerosas alzas en diferentes rubros, que hacen más difícil la vida e ilusorios los aumentos de sueldos y salarios (...)

Estas demostraciones de protestas públicas no tienen origen comunista, conservador, radical, agrario laborista ni falangista. El único origen hay que buscarlo en la impotencia de los gobernantes para solucionar problemas que afectan especialmente a las clases más necesitadas, como son los estudiantes, la clase media y los obreros"

En San Fernando, los estudiantes del Liceo de Hombres, Escuela Técnica, Liceo de Niñas y Escuela Industrial hacen efectivo un paro, el que había sido convocado por la Federación de Estudiantes de Chile. Cerca de 2.500 alumnos dejaron de concurrir a sus establecimientos.

En los disturbios que se efectuaron en Santiago al menos dos sanfernandinos murieron, según la prensa local, uno Ricardo Pizarro Venegas, quien estudiaba en el Liceo Nocturno de la Capital, sobrino del profesor Washington Venegas, además Carlos Reyes Morales.

El periódico de San Fernando, la Región, publica el siguiente comentario el 4 de abril: "Consecuentes con nuestros propicios democráticos, no podemos aceptar los asaltos a casas comerciales, a vehículos particulares y de movilización colectiva, la destrucción de bienes nacionales y públicos, actos vandálicos que solo pueden tener como única explicación la explosión violenta e incontrolable de una profunda y larga crisis de malestar colectivo".

Debido a las violentas protestas, el gobierno decreta Estado de Sitio en todo el territorio nacional. Las consecuencias no fueron muy halagüeñas, 18 muertos y 500 heridos.

En el proceso que hoy vivimos, es difícil dilucidar las consecuencias o efectos que se sucedan a corto o largo plazo, se evidencia en una crisis de legitimidad de las instituciones, importante desigualdad, y una lejanía de los interésese de la ciudadanía, con las prioridades que tiene la elite o la clase política. Lo anterior evidencia la necesidad de un nuevo pacto o contrato social, el cual solo puede ser a través de una nueva constitución, política fundada en el diálogo y la participación ciudadana. Es de esperar que hoy exista cambios reales, y no como constantemente nuestra historia ha mostrado una desconexión total entre los intereses o problemas de la ciudadanía y la clase política chilena./

Por Víctor León Donoso