Profe Marchant: Persona y personaje

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Pedro Andrés Marchant Villanueva es un "Loco Lindo", de esos que escasean en estos tiempos. A menudo se le ve recorrer las calles de nuestra ciudad conduciendo a paso cansino su bólido blanco, un Suzuki Fronte de 1980 que nunca ha pensado cambiar. En su pequeño vehículo se siente a sus anchas, al igual que en las dependencias del antiguo Liceo de Hombres de San Fernando, que alguna vez ocupara Neandro Schilling, rector por 46 años de la "Centenaria Mansión del Estudio".

Don Pedro. ¿Qué nos puede contar de su familia?
Nací el año 1949 en la Maternidad del Hospital San Juan de Dios, por lo tanto, tengo sesenta y tanto años. Mis padres eran Andrés Marchant Muñoz y Francisca Villanueva. Tengo tres hermanos: Antonio Marchant, quien trabaja en la CONAF, Isabel Marchant y Oscar Marchant, quien es profesor de Lenguaje del Liceo Neandro Schilling y del Liceo de Placilla.

¿Qué recuerda de sus padres?
Mi padre era obrero en la Compañía Chilena de Tabacos, que estaba en la calle Chillán, entre Cardenal Caro y España, ocupando una manzana completa. Mi familia, en tanto, vivía en el número 31 del pasaje Las Rozas de la población que construyó la empresa. De mi madre, quien aparte de ser dueña de casa era modista, tengo muy lindos recuerdos.

¿Cómo era la vida de los trabajadores de la CCT?
Los ingleses, quienes eran buenos patrones, se instalaron en San Fernando por ser una zona agroindustrial donde se da muy bien el cultivo del tabaco. La empresa contaba con muy buenas instalaciones y donde actualmente se ubica la Corporación Municipal se encontraba el Club de la Compañía Chilena de Tabacos, recinto que contaba con una cancha de básquetbol, una pulpería, salas de ping-pong y de billar, además de un casino.

¿Dónde realizó sus estudios?
Mis primeros años los cursé en la entonces Escuela San Agustín, que quedaba en Guadalupe esquina Argomedo. Los curas agustinos nos daban guaraca y ahí se aplicaba la máxima "La letra con sangre entra", y tanto yo como mis compañeros, recibíamos maltratos, por lo que no tengo buenos recuerdos de mi paso por ese colegio. Posteriormente, hice el tercer año de preparatoria en la Escuela de Lo de Lobos, hasta donde llegaba desde la Hacienda Tipaume donde trabajaba mi tío Pedro Marchant.

¿Y después dónde se fue?
De ahí ingresé a la Escuela 1, actual Escuela Jorge Muñoz Silva, desde donde egresé de la preparatoria, para pasar al Liceo de Hombres, que con el tiempo pasó a llamarse Liceo Neandero Schilling, en homenaje al rector que estuvo en el cargo entre 1901 y 1947.

Me imaginó que era un buen alumno.
Yo no era muy aplicado, era más bien flojazo. Egresé el año 1969 con un promedio 4,7. En esa época el liceo era de puros hombres y cuando entraba una mujer había una verdadera revolución y un griterío ensordecedor. Sin embargo, guardó hermosos recuerdos de esa época, donde tuve muy buenos profesores como el "Choro" Silva, el "Cristo de Palo", el "Mono" Santibáñez, además de un paradocente que conocíamos como el "Tata" Orellana.

¿Cómo fue su paso por la universidad?
Opté por ser docente y me inscribí en la sede Chillán de la Universidad de Chile, recibiéndome de profesor de artes plásticas el año 1975 con un promedio 6,4 y distinción máxima. Posteriormente, me fui a Santiago, donde trabajé en la editorial Gabriela Mistral, que primero se llamó Zig-Zag y después Quimantú durante el Gobierno de Salvador Allende. Allí fui dibujante de revistas de historietas del oeste y de la jungla.

¿Qué hizo después?
Volví a San Fernando a trabajar en el Liceo Neandro Schilling como profesor de Artes y Educación Tecnológica, permaneciendo en eso hasta el día de hoy. Además, trabajé durante diez años de manera paralela en el Liceo de Nancagua como una forma de incrementar mis ingresos.

¿Qué aficiones cultiva?
Me gusta subir cerros. Acá contamos con la cumbre Pangalillo que tiene 1.193 metros de altura y varios cerros por donde acceder como el Nincunlauta, el San Hernán, La Palma, el Bouchon, entre otros. Además me gusta mucho la historia, la arqueología y la astronomía.

¿Qué es para usted el Liceo Neandro Schilling?
Ha sido mi casa toda una vida. Es una escuela formadora de personas, donde tengo una muy buena relación con mis alumnos. Para mí no existen los estudiantes malos, ya que siempre quieren superarse, pero muchas veces no se dan cuenta del esfuerzo que hacen sus padres por tenerlos acá y no le sacan provecho a este liceo que tiene 171 años de vida y una historia rica y digna de ser contada.

¿Un liceo con historia?
Hay mucho que escribir del Liceo de Hombres de San Fernando, que en la época de la Guerra Civil de 1891, tomó partido por el bando oficialista que obedecía al Presidente José Manuel Balmaceda, siendo utilizado como guarnición militar.

¿Cómo ha enfrentado su trabajo de profesor?
Me he tomado muy a pecho mi labor, sé que remplazo a los padres y trabajo con seres humanos y estoy consciente de que más allá de la manera que yo enseñe, debo ser un ejemplo para mis alumnos. Uno debe andar por el camino recto de la vida y a uno lo debe mandar el súper yo y los preceptos morales que ha logrado adquirir.

En cuanto a su vida personal, ¿qué puede nos puede decir?
Tengo cuatro hijos, tres de un primer matrimonio fallido y uno de un segundo matrimonio. Lamentablemente, tuve muy poco que ver en el proceso educativo de mis primeros hijos. Lo único que quiere un buen padre es que el niño sepa volar solo.

¿Qué sintió al ser elegido Hijo Ilustre de San Fernando?
Me sentí orgulloso, pero me hubiese gustado que mis padres estuviesen vivos cuando me entregaron la distinción, ya que creo que se habrían sentido muy felices.

¿Cómo ve la sociedad actual?
Lamentablemente, en la sociedad actual, el éxito no se mide por la realización personal, sino que por la cantidad de dinero y bienes que uno pueda amasar.

¿Qué representa para usted San Fernando?
Para mí lo ha sido todo. Si me dieran a elegir dónde me gustaría nacer nuevamente, por lejos optaría por San Fernando./

Fotos y Entrevista: Emilio Benavides Terzolo

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