Multitudinaria peregrinación a Roma, una marcha que es del alma y del corazón

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Desde hace más de 50 años, el primer domingo de diciembre, el Camino a Roma parece el camino al cielo.

Centenares de peatones y huasos bien montados caminan tras la huella de María en Peregrinación, orando y cantando alaban a Dios y veneran a la Virgen del Carmen como patrona y Reina de Chile.

Al rítmo del tranqueteo de los caballos, cuatro hombres fuertes cargan la imagen sobre sus hombros y después de varios kilómetros de caminata cuesta arriba, hay momentos en que la imagen tambalea, pero ellos no claudican en su esfuerzo y la sostienen con gallardía.

La oscuridad de la noche abre paso al día y el sol comienza a calentar. Un anciano solo y cojo se acomoda su sombrero de paño y le sonríe a un pequeño que llora en su coche, su padre lo toma amorosamente y lo carga sobre sus hombros.

Un par de señoras se encuentran, se saludan con cariño y se toman del brazo para no trastrabillar. Desde el Camino Fundo del Medio hasta el Estadio de Roma, se ven casas y puentes decorados con flores. Muchos vecinos colocan altares y saludan desde la puerta a la Señora que pasa triunfal.

Cuatro huasos a caballo apostados en el camino le hacen una venia con el sombrero al verla pasar. Una familia generosa ofrece botellas de agua fría a los peregrinos, otra, que ha decorado la reja de su casa con flores de papel, se acerca a ella un anciano en silla de ruedas para saludar a su Madre del Cielo.

La procesión se detiene frente a él y todos juntos rezan un Avemaría por su salud. Son personas sencillas de San Fernando y alrededores que en un clima de fraternidad avanzan unidas implorando a Dios la bendición de campos y ciudades. Dos jóvenes carabineros dirigen el poco tránsito de esa hora y todo fluye con calma. No hay violencia, no hay gritos, no hay odio ni rencor. Solo la súplica de un pueblo que clama a Dios la Paz para Chile.

¡Qué bien le hacen a Chile las otras marchas!./