EL FRUSTRADO COHETE XF-58 DEL ASTRÓNOMO RODRIGO DE LA VEGA

Columnas y Artículos

Un destello infinitesimal en la oscura noche de la carrera espacial de Chile.

El ruso Konstantin Tsiolkovsky (1857-1935), el norteamericano Robert Goddard (1882-1945) y el alemán Hermann Oberth (1894-1989) son considerados legítimamente los padres fundadores de la astronáutica y de los cohetes espaciales. Tres espíritus afines cuya mayor coincidencia era la absoluta certeza de la inminente realidad de los viajes espaciales y de la conquista del espacio sideral por la humanidad. Trabajaron de forma independiente y los tres fueron cautivados por las lecturas de Verne, Wells y Flammarion. Prisionero de la misma convicción y lecturas, en 1917, el escritor mexicano Amado Nervo (1870-1919) publica su extraordinario poema El Gran Viaje. En la primera parte de su escrito inquiere quién, en un futuro no lejano, será el Cristóbal Colón de un planeta. Para entender su poema, suerte de acertijo y profecía, debemos encarnarnos en el dios romano Jano y dirigir una mirada hacia el pasado y la otra hacia el futuro, pues sus versos aún hoy conservan la fuerza de un oráculo.

En mayo de 1945 Alemania se rinde ante los Aliados. Rusos y norteamericanos buscan en las ruinas de este país los secretos de las armas de la venganza de Hitler, particularmente del misil cohete conocido como V-2. El ingeniero aeroespacial alemán Wernher Von Braun (1912-1977) había sido el genio detrás de ellas. Asistente de Oberth, su guía luminoso, tempranamente Von Braun entendió que su decisión de llegar a la luna tenía un trasfondo fáustico. Sólo los ejércitos manejaban presupuestos para lo que constituía su pasión. Vistió el uniforme de la SS, trabajó para Hitler construyendo misiles balísticos y tuvo su cuota de responsabilidad en la muerte de más de diez mil obreros esclavos en la fábrica subterránea de Mittelbau durante la Segunda Guerra Mundial. Voluntariamente se entregó a los norteamericanos y junto a 120 de sus mejores técnicos, científicos e ingenieros viajó a USA. En América continuaría su carrera y en 1969 el Saturno V, guiado de su mano, surcó el éter y llevó al hombre por primera vez a nuestro satélite natural. La luna fue su Margarita, al menos para los habitantes de Huntsville, la ciudad que lo acogió en USA, donde hoy se encuentra el Saturno V en su museo.

El ingeniero aeroespacial soviético Serguéi Koroliov (1907-1966) fue el encargado del programa espacial soviético. Un genio a la misma altura de Von Braun que contó con la cooperación de más de 700 especialistas que habían sido parte del equipo del alemán en Peenemünde y Mittelbau, además de toneladas de documentos, planos e incluso V-2 llevadas a Moscú por los soviéticos. Rescatado de un gulag en Siberia, Koroliov tiene una serie de impresionantes logros: el primer misil balístico intercontinental, el primer satélite artificial, el primer ser vivo en orbitar el espacio, el primer hombre en el espacio, la primera mujer en el espacio, la primera misión tripulada, el primer paseo espacial y la primera sonda espacial en alcanzar las inmediaciones de la luna. Su muerte, a los 59 años de edad, en 1966, dejó el camino abierto a Von Braun para la llegada de USA a la luna en 1969.

¿Y Chile? Además de la brillante jugada individual del talquino Jenaro Gajardo que inscribió la luna en una notaría de USA como su propiedad, ante lo cual el Presidente Richard Nixon habría de solicitar su autorización para que Neil Armstrong pusiera su pie en ella, ¿qué puede decir Chile de la luna o de la carrera espacial?, ¿qué puede decir nuestro país al respecto? ¿Somos algo más que una anécdota?

Rodrigo De La Vega fue un astrónomo, investigador y académico de la PUC. En 1960 sorprendió al mundo al declarar que Chile enviaría un cohete al espacio, el XF-58. La noticia la dio a conocer en Argentina y fue difundida por la Agencia UPI. El lanzamiento sería desde la comuna de Los Vilos en enero de 1961. Para ello contaría con el apoyo de la FACH y del propio Wernher Von Braun. La FACH confirmó sus dichos. Su objetivo principal sería el estudio de la alta atmósfera. Pero Rodrigo De La Vega y algunos integrantes de su equipo sufrieron un accidente automovilístico. De La Vega estuvo inconsciente dos días y el proyecto quedó en nada. Hoy la FACH declara no tener información al respecto.

Rodrigo De La Vega era hijo de Daniel De La Vega, el laureado escritor y periodista nacional. Falleció en diciembre del año 2008.  Junto a él trabajaba Julio Alcázar, Ingeniero boliviano, y otros jóvenes matemáticos. Imposible comparar a De La Vega y su equipo con Von Braun o Koroliov. Absurdo no percatarse de la enorme distancia entre nuestro país y las dos potencias que protagonizaron la Guerra Fría. Pero este grupo de muchachos crearon CICA, Centro de Investigación en Cohetes y Astronomía, premunidos sólo del ímpetu que da la juventud y su objetivo era abrir el camino de Chile hacia las estrellas. Si las Fuerzas Armadas y las Universidades los hubieran escuchado, perfectamente Chile pudo haber participado, por ejemplo, en la década de los 70, en la construcción de satélites, empresa en la cual recién comienza ahora a dar sus primeros pasos.

Pero ¿por qué Chile debería participar en una empresa que requiere ingentes recursos?

Para responder esta pregunta debemos orientar nuestra atención a la segunda parte del poema de nuestro Nervo amado. En plena Guerra Fría, USA y la URSS alcanzaron el límite de su contienda: montar en misiles intercontinentales cargas nucleares. En ese momento, los ojos de la humanidad fueron los ojos de Dante y Virgilio al abandonar el Infierno. Los hombres contemplaron las estrellas, y entendieron que el firmamento, para la misma tecnología de muerte, ofrecía un campo de batalla limpio y puro. La meta ahora fue vencer la gravedad y Nervo, arquetipo de los poetas guerreros aztecas, intuye que esa búsqueda, ya en 1917, nos llevará a la clave portentosa de lo Bello y lo Justo. Nervo, por cuyas venas corre la misma sangre que Temilotzin (poeta guerrero y Comandante de Hombres que a las órdenes de Cuauhtémoc soportó 75 días el asedio de Cortés en la caída de Tenochtitlan, quien confiesa "yo vine al mundo a hacer amigos"), nos invita a fijar un nuevo molde al barro humano. Por esto Chile tiene que ser protagonista.

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